EL PERRO, EL MEJOR AMIGO DEL GATO
Los perros no odian a los gatos ni los gatos temen a los perros. Ambas especies pueden convivir juntas siempre y cuando tengan un amo que sepa tratarlos con coherencia y comprenda que el inicio de la relación, las presentaciones marcarán el futuro de su vida en común.
Conviene, sin embargo, recordar que la convivencia no siempre es posible, y que existen casos en los que la buena voluntad del amo no basta. Si tienes un perro y quieres adoptar un gato, no lo hagas si:
- El felino tiene más de tres años.
- El perro es un cazador activo o pertenece a alguna raza nórdica.
- Tienes una perra que se ha quedado embarazada.
- El carácter del veterano es algo agresivo y destructor.
- El gato que te ofrecen aún no ha cumplido tres años pero sabe más que un perro viejo.
Descartadas estas posibilidades, podemos asegurarte, con escaso margen de erros, que la relación entre ambos irá viento en popa.
Cuando un gato, o cualquier otro animal, entra en casa de la mano de su dueño, el perro veterano sentirá miedo, celos y confusión. Por eso, lo más lógico es que no lo acepte y que se esfuerce en demostrar que él es más poderoso que el recién llegado, y, aunque lo más probable sea que éste muerto de miedo, no vacilará en dejar claro su poder. En caso de que la agresión tenga lugar, costará un mundo lograr una convivencia armónica. De ahí que las presentaciones deban hacerse templadas y con pies de plomo.
Mis consejos son:
- Antes de que el felino llegue a casa, encierra al perro en una habitación en la que se encuentre cómodo.
- Inmediatamente después, suelta al gato por la casa y déjale que huela todos los rincones. Percibirá el olor de su futuro amigo y no le sorprenderá encontrárselo más tarde.
- Al cabo de una hora, durante la que tú habrás entrado varias veces a saludar y acariciar a tu viejo amigo, toma al gatito en brazos y suelta al perro. Sin duda alguna, tu compañero canino intentará olisquear al intruso, deja que lo haga, pero mantente alerta: si intenta agredirle, impídeselo, sin brusquedad pero con firmeza
Primeros encuentros perros y gatos
Con los primeros encuentros, ambos aprenderán mucho el uno sobre el otro, y quizás lo más importante de todo sea el lenguaje. Los felinos necesitan demostrar su afecto mediante el contacto físico, y, si todo va bien, antes de 30 días el gato querrá restregar su cuerpo contra el del perro. Los canes, por su parte, jamás aceptarán nada que no pueda olisquear, y es de vital importancia que el perro reconozca en su amigo olores familiares, de ahí que resulte fundamental que el gato se pasee por la casa una hora antes de efectuar la primera presentación; tiempo más que suficiente para que se impregne de aromas familiares.
Pero las diferencias de idiomas no termina aquí, y muchos movimientos pueden ser malinterpretados por parte del contrario. Importantísimo que el amo sea un coherente mediador capaz de:
- Pronunciar palabras tranquilizadoras si alguno se pone nervioso.
- Separarlos ante el mínimo indicio de trifulca, sin recurrir a la violencia.
- Reconocer los derechos del veterano y hacérselo entender, pero sin menospreciar al recién llegado.
- Recompensar con comida y carias todos los intentos de acercamiento tranquilo y amistoso.
- No regañar a ninguno delante del otro, ni mostrar claras preferencias. Las recompensas individuales se harán, siempre sin que el otro éste presente.
- Frenar a tiempo las luchas de poder y los celos y no llamarse a engaño: antes de que la aceptación sea completa, pasará un tiempo.
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